Puede que el niño de 8 años les insistiera a sus padres en pasar el día
viendo a los atletas en la media maratón de Boston.O tal vez otra de las victimas se sintiera muy feliz por el madrugón que le permitió un asiento en primera fila desde el que poder hacer esas fotos a los atletas a los que admiraba, y su vida acabó tan solo porque eligió una silla de la acera izquierda y no una en la derecha.
En las sillas de la derecha, estaba sentada la familia de Javier, uno de los atletas amateurs. Venían desde España, ahorrando para pasar unos días de vacaciones, que ellos se prometian muy felices, aderezadas con esa ilusión de siempre que era participar, que era correr (nunca soñó ganar, tan solo superar la marca del año anterior). Ocuparon sus asientos animando a los que iban llegando. Apareció Javier y su familia se puso en pie, aplaudiendo. No era su mejor marca, pero había dejado todo lo que llevaba en esa carrera, se había esforzado para lograr alcanzar la meta. Y mientras la cruzaba, su familia aplaudía a rabiar, con lagrimas en los ojos. Su mujer sabia de las horas de esfuerzo, de lo que representaba acabar en un puesto entre los 1000 primeros. Sin podios, sin fotos, sin fama.

De repente el cielo se quebró, la tierra pareció encogerse sobre sí misma, y algunos atletas y muchos espectadores fueron arrancados de cuajo y la onda expansiva los lanzó unos metros más allá.
Algunos se levantaron, aterrados, temblorosos y miraron en dirección a los asientos de su familia. Otros se quedaron inertes, sin poder levantarse, con la amenaza de muerte rozandoles la piel. En total, y de momento, 3 personas perdieron instantáneamente la vida. Se los llevó sin que pudieran quejarse, ni siquiera sentir el miedo de morir, entre esos tres, el niño de 8 años.
Unos cuantos, alrededor de 200, están heridos en diferentes hospitales, y de estos 200 un tercio han perdido alguno de sus miembros, han quedado mutilados, vivirán el resto de sus vidas, si son capaces de seguir viviéndolas, sin piernas, o sin manos, o ciegos.
Se preguntarán el por qué de esa barbarie, y tendrán que convivir cada
día, cada noche, con el miedo, vivirán despertándose a medianoche y seguirán
oliendo como ayer, seguirán sintiendo el humo cerca, seguirán sintiendo la punzada de dolor, el olor del miedo y harán como que viven,
pero les costará seguir viviendo.
Y todo porque unos tipos siguen queriendo imponernos una lucha en la que están ellos solos y en la que los demás no podemos combatir con sus mismas armas(afortunadamente), y siguen en su locura enviándonos sus bombas, culpándonos(culpando a ese niño de 8 años y a sus padres, culpando a los que iban a ver a su hijo correr, culpando a los que iban a dejarse sus cuatro euros ahorrados para poder cumplir su sueño, participar), condenándolos , asesinándolos en nombre de no se qué dios, de no se qué idea, o de no se qué historia que ninguno hemos vivido.

Y los demás, los que rezamos para que nunca nos toque, los que nos mordemos los puños en cada atentado, seguiremos desesperadamente en silencio, nos manifestaremos con las manos blancas, pediremos que haya paz, y ellos, desde sus bunkers llenos de esclavas y buenos manjares, seguirán en su guerra, que nunca fue santa pero que cada vez es mas ruin y sin sentido..
Y nos tendremos que conformar con seguir llamándoles,cuando nadie nos oiga HIJOS DE PUTA












