El Barça, un año mas, se clasificó matemáticamente para la eliminatoria de octavos de final con su victoria en tierras rusas. Un partido que parecía preocupante antes de jugarse, pero que el Barça hizo fácil con su juego, que empezó a ganar con la alineación de los bajitos, todos juntos, incluyendo a Iniesta en la banda(donde dicen que no le gusta jugar pero ¡cómo juega!) y que con el gol de Alves(a ver si la mejoría empieza a ser patente y sale el Alves del año pasado) y los dos de Messi, sentenció el grupo, con lo cual, tenemos una semana de champions en la que Tito Vilanova puede hacer pruebas y/o dar minutos a los menos habituales.
De ayer nos quedará en la retina la jugada de Iniesta en la banda(¡que maravilla!) , los minutos esperanzadores de Deulofeu(si cuidan a este chaval tiene pinta de de gran jugador) y los pases casi mágicos de un Xavi, que cuando está en forma, es como un GPS en la conducción del Barça. Es impresionante verlo con 32 años levantar la cabeza, pensar, analizar, y en apenas unos segundos poner la pelota en el sitio oportuno.
Tuve que escuchar un rato del partido, ya con el 0-3, y alguien se preguntaba en la emisora de radio, qué seria Messi sin un tipo como Xavi al lado, sin un jugadorazo como Iniesta, sin un socio como Cesc. Y, sinceramente, en ese juego absurdo de imaginar lo que ni ha pasado ni va a pasar, creo que Messi, que hubiera seguido siendo un pedazo de jugador, es posible que no hubiera llegado a ser el mejor jugador del mundo.
Estos últimos años, hemos podido disfrutar del juego de Messi, sobre todo desde que Pep se llevó por delante a todos los delanteros centros a la antigua usanza que le tapaban el camino, y convirtió al argentino en un delantero inesperado, en un falso nueve, en un jugador que aparece y desaparece, y casi indefendible. Esa aportación de Pep, no hubiera podido hacerla sin una computadora andante como Xavi o sin alguien como Iniesta, que a veces es el extremo que desborda a 3, en ocasiones es el que da el último pase, y en las menos, el que resuelve con un trallazo desde fuera del área.
Una generación de gente que, en muchos casos, se conocen desde que eran pequeños, que algunos intercambiaron cromos de sus ídolos al salir de clase, que merendaban juntos ilusionados con llegar un día al primer equipo,y que probablemente, ni en los mejores sueños imaginaban lo que están viviendo. Por eso siguen jugando así de bien, por eso siguen siendo un equipazo, por eso siguen con hambre de títulos. Y por eso nunca están tristes, ni necesitan estar todo el día pensando en lo que ganan, porque ganan mucho, ni en que les reconozcan que son los mejores, porque el mundo se ha quitado muchas veces el sombrero ante ellos.
Ayer quise brindar por Xavi, un pedazo de jugador que nos ha dado mucho, y al que echaremos de menos cuando la vida, los años, le obliguen a dejar el futbol. Echaremos de menos esos pases al hueco en el que parece que no hay nadie, ese giro sobre si mismo para devolver la pelota al sitio exacto, ese ralentizar el juego para acelerarlo de repente, para que el rival no termine de entender por donde le van a venir los golpes.
Y yo creo que es el mismo Messi quien más lo echará en falta.