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22 de octubre de 2012

Era de barro

images.jpg ARMSTRONG        Recuerdo aquellas tardes calurosas, después de comer. Solía tumbarme en el sofá con la tele puesta pero en silencio para no molestar a los que dormían la siesta, y escuchaba a García o a  Javier Ares en mi pequeña radio, que solía acabar muchas veces en el suelo.

     Como tantos otros sufrimos a Hinault y a Zoetemelk, y disfrutamos de la victoria de Perico y de aquella contrarreloj final en la que empezamos ganando por 20”y acabamos perdiendo por algo mas de 30” ante Roche. 

     Induráin nos hizo creer que el maillot amarillo era suyo,como si le correspondiera por herencia, porque a veces nos daba la impresión de que,como en las películas, por mucho que "los malos" lo intentaran, "el chico" acabaría venciendo, incluso si había que esperar a las etapas últimas.

     Y tras aquel pirata Pantani que acabó dejándonos prematuramente y cuando el siglo XX se marchaba, apareció Armstrong, un tejano que había sido capaz de  vencer a la muerte, que había superado esa enfermedad que normalmente la llamamos larga para no nombrarla, como si el nombre pudiera contagiarnos.

     Tal vez ese ejemplo de superación hizo que lo admiráramos, y que nos doliera menos que venciera a nuestros Beloki, Escartin o a Sevilla.

     Desde 1999 hasta 2005 no hubo más campeón que él, 7 tours consecutivos. Muchos nos hubiéramos quitado el sombrero si esa prenda no estuviera en desuso tanto tiempo.

     Y ahora nos dicen que todo era mentira, como en el tango, que todo era una farsa, un producto de  laboratorio de algún doctor Frankenstein, que compraba a quien necesitaba para que la mentira siguiera pareciendo un milagro y no un timo, para convertir en proeza lo que era una  burda trampa.

Nos cuentan que era un ídolo, nuestro ídolo, pero que tenia los pies de barro, incluso que era todo de barro. Nos cuentan que se reía de nosotros mientras nosotros perdíamos alguna siesta por verle a él.

     Y empiezo a pensar que no vale la pena seguir teniendo ídolos en este deporte. Que no vale la pena seguir escuchando a Javier Ares si a lo mejor lo que nos narra no es más que otra mentira y que dentro de 10 años se repetirá la historia.

     Me han convencido de que era un ídolo de barro, y empieza a preocuparme que el barro sea el material cotidiano en el ciclismo. Y empiezo a dudar de los chuletones de unos y de las lágrimas de los otros.

     EMPIEZO A CREER QUE ERAN TODOS DE BARRO.

Confiesa