Me preguntaba un amigo, culé también , por mis sensaciones tras el cese de Mourinho, tras su huida hacia Londres, y por su fracaso final. Y reconociendo que la noticia me alegra, mis sentimientos son contradictorios, aunque predomina la sonrisa.
Mourinho era la mayor amenaza con la que los barcelonistas podíamos enfrentarnos. Su futbol ramplón, aburrido, de lucha, de codazos en el que el espectáculo consistía en los pisotones de Pepe y las carreras de Cristiano, era el peligro mayor para el nuestro, de pase, toque y belleza.
Su capacidad para amedrentar, acongojar, asustar y presionar a los árbitros (aliándose, que ese fue su gran error) con esa prensa siempre dispuesta a la ayuda, combinándolo con esas televisiones sumisas, entregadas a la causa, hubieran podido acabar convirtiendo la liga en una nueva edición de la mafia de los 60, aquella que todo lo ganaba, y que incluso en los reportajes del No-Do sigue causando vergüenza ajena.
Su marcha supondrá un alivio temporal. Su fracaso, estrepitoso, dará una
nueva dimensión a nuestra liga. Los partidos ante el Real Madrid podrán volver a
ser simplemente deporte, y volveremos a estar pendientes de si juega Messi o de
si Ozil se recupera del esguince.Y en ese sentido hay que agradecer que Mourinho no haya sido capaz de obtener un rendimiento mayor de esa plantilla que pusieron a su disposición. Una plantilla que en manos de alguien diferente, y contando con esas ventajas arbitrales que todos vemos casi cada semana, podría haberse convertido en un equipo histórico. Pero Mou siempre se mostró como es. En ninguno de sus equipos anteriores ha jugado a nada que no fuera esto. En cada equipo, en cada país, y lo repetirá en el Chelsea o donde vaya, ha hecho lo mismo.
Vino, no con la idea de superar al Barça, sino con la de desgastarlo, agotarlo en peleas barriobajeras, y obsesionado con llevar el futbol preciosista del equipo de Pep al barro, a la cienaga en la que él se mueve con desparpajo. Y estuvo cerca de conseguirlo.
Primero las insinuaciones de dopaje que salieron desde el propio club(se tiene que estar muy desesperado para llegar a tanto), luego los insultos para dar a entender que los árbitros estaban en nómina azulgrana (Mesalina y Popea hablando de virtud), la acusación a Busquets de racismo. El plan iba saliendo paso a paso. La salvaje agresión de Pepe a Alves fue convertida, tras unas cuantas cenas y unos cuantos sobres en un fingimiento del azulgrana. Y cualquier anécdota arbitral era elevada a
categoría
de robo, un fuera de juego mal señalado a ellos se convertía en gol anulado y
villarato . Pisarle la mano al rival era premiado con una renovación y el
publico blanco ya había empezado a adoptar el “Pepe, mátalos” como su nuevo
grito de guerra.Cometio muchos errores, pero los suyos se los perdonaban todos. Empezando por su presidente que tras la agresión a un entrenador rival dijo que defender al Real Madrid era el señorío. Que cuando insultó a UEFA, Unicef, al FCBarcelona, a todos los árbitros europeos, cuando se burló de Platini, cuando montó aquella infame rueda de prensa de los ¿ Por qué?, fue defendido por Florentino Pérez. Que bajar al parking a amenazar a un colegiado tambien era defender al club.
Lo tenia “a huevo”. Pero lo estropeó. La gloria le rondaba, pero no estuvo fino. Abrió demasiados frentes, el pulso a la prensa y a Casillas le superó. Y sobre todo, perdió en el terreno de juego lo que había ganado en el fango. De nuevo su cobardía natural, su miedo a perder, lo derrotó.
Porque si el tercer gol ante el Borussia entra, aunque hubiera sido de rebote, probablemente ante el Atlético de Madrid Ozil no hubiera fallado solo ante Courtois. Y de haber entrado esos dos goles. Mourinho, el mismo que agredió a un rival, el que insultó a los suyos y a los contrarios, el que ridiculizó y puso a los pies de los caballos a Casillas, ahora seria aclamado como el nuevo ídolo blanco.
Ahora ni siquiera el propio Florentino ha sido capaz de defender sus últimas meteduras de pata. Se marcha dejando al madridismo, diga lo que diga el presidente blanco, dividido, enfrentado. Deja una plantilla en la que mas de la mitad de los jugadores querían marcharse de haber seguido él, y que también, por él, se han enfrentado entre ellos.
Casillas, Ramos, Ozil, Pepe, Benzema, Di María, Higuaín y algunos más en una mesa. Arbeloa, Xabi Alonso, Diego López, Essien, Khedira y algún otro en la de enfrente. Y Cristiano, cada vez más harto de sus desprecios, solo contra el mundo en un rincón.
De haberse quedado, el Real Madrid hubiera prescindido de más de media plantilla y los fichajes nunca hubieran sido Zidanes, sino Pepes, menos Iscos y mas Khediras, y los canteranos hubieran seguido en ese ostracismo en el que viven desde su llegada y mucho antes.
Pero su marcha también hará que venga otro entrenador, que el equipo vuelva a tirar de talonario para reforzar y apuntalar los puestos importantes del equipo. Puede que el que venga haya jugado al fútbol, e incluso es fácil que le guste este deporte, y con gente como Ozil, Cristiano, Benzemá, añadiéndole algún jugador ofensivo y en un sistema atacante que domine al rival, pueden ser capaces de disputarnos no solo los puntos sino incluso la hegemonía en el corazón de los espectadores. Un Real Madrid jugando al toque, con los fichajes necesarios, puede ser tremendamente peligroso para el Barça, y mas ahora que parece que los nuestros no están en su mejor momento y que se avecinan muchos cambios en la plantilla, y con Tito dando señales de que las cosas no van todo lo bien que desearíamos.
A pesar de todo, por el futbol, por la tranquilidad, por el deseo de disfrutar de este deporte, me apetecía que Mourinho sacara la bandera blanca y se marchara. La prensa amiga y enemiga, los pseudo periodistas de bufanda, foto y escapulario( Mou es mi pastor, nada me falta), lo echaràn de menos.
Pero el futbol español respirará tranquilo.





