Con eso del verano y las vacaciones, tengo a mi neurona de guardia para hacer los editoriales de "El Penalti", y el resto del tiempo pensar en comer y en la piscina, pero precisamente porque el de ayer me apetecía compartirlo, os lo traigo por si os apetece echar un vistazo.
Se confirmó
el desastre de la selección española, el fruto de la traición de quien antepuso
los intereses de su club sin importarle el grave problema que causaba a la
selección, y el egoísmo de un entrenador que renovó una semana antes el
contrato con la federación para entregarse al Real Madrid cuando, tras varias negativas de
técnicos de prestigio, le llamaron casi porque no quedaba nadie.
La selección
pésimamente dirigida por Hierro no supo rotar y agotó a Iniesta y a Silva no
dando minutos a medio equipo que fue de turismo, y acabó siendo eliminada por
una selección menor como es actualmente Rusia.
Una versión
del tiki taka a cámara lenta, plana, con demasiados jugadores por detrás del
balón, con Iniesta agotado, con Silva que no parecía él mismo, y si ese juego y
esta selección cuando se inspiraba en el Barça nos hacía sentir mariposas en el
estómago, hoy tan solo nos produce acidez.
Pero ya
hemos de volver la vista a nuestro Barça, a los posibles cambios en la
plantilla, a los rumores que se extienden como una mancha de aceite, y no
sabemos si vendrán Leglet y Arthur o se irá Paulinho, si hay ofertas por
Cillesen o por Gomes, si será cierto lo de William, que nos ha enamorado en el
mundial, y si lo de Mbappe tiene algún fundamento o se trata de nuevo de una
broma de mal gusto.
Y hablando
de mal gusto, sacar el tema de Abidal de unas conversaciones de Rosell en las
que éste ni afirma ni desmiente, dar credibilidad a un desconocido tan solo
para seguir en esa lucha contra la ética empieza a producirnos verdadero asco.
Ignoramos
cual será el objetivo ni si lo lograrán, pero hacerlo a costa de un tipo como
Eric Abidal es cruzar la línea roja de la decencia.









