Hay momentos en los que escribir, es un esfuerzo. Días en los que sentarse
delante del ordenador es un suplicio. Y hoy es uno de ellos para mí.Andábamos, tan ricamente, analizando, discutiendo, si éramos de Tito o de Pep(como si defender a uno conllevara atacar al otro, como si pudiéramos abjurar de Pep por defender a Tito) y nos llevamos el golpe helado, la bofetada en pleno rostro: Tito había recaído de su enfermedad y dimitía como entrenador.
Y, lejos de entrar en valorar o criticar, me puse a pensar en el Vilanova persona, en el hombre que, tras ser el ayudante de Pep, se encontró con el sueño de su vida delante de su rostro, con el contrato de sus sueños a falta de firma, y que quiso ser el protagonista, por una vez, quiso dejar de ser el actor secundario para ser el principal, para ser el entrenador del Barça.
Y me paré a analizar qué ha hecho tan mal Tito Vilanova para que una parte importante de la afición critique su trabajo, para que en un primer año dividido en dos mitades, la primera, aún sano, lograra la mejor vuelta de la historia de la liga, para que en su primera temporada lograra ser campeón de liga con mas de 10 puntos de ventaja sobre el eterno rival e igualando los 100 puntos del record, y que solo recibiera criticas o indiferencia, para que sus éxitos fueran la inercia del anterior y sus fracasos el signo de su incompetencia.
E imaginé a Tito, edificando su equipo, preparando, con su rostro adusto, a veces duro, “voy a perder todas las comparaciones con Guardiola”, analizando a los suyos, mientras la enfermedad iba destrozándolo por dentro, secándose una lágrima para sentarse a ver un video del equipo rival, y puede que preguntándose "¿por qué a mí?"
Y lo que debió significar tener que cambiar la hierba del estadi por una cama en un hospital en Nueva York, el olor de la brisa barcelonesa por el aroma a medicamento, impregnándolo todo de sabor a enfermedad. Y ver que, poco a poco, conforme lo iba superando,iba perdiendo esas comparaciones entre una parte de su afición, y sobre todo, ver que en esa soledad de la Gran Manzana, su mejor amigo, el que compartió con él, casi 30 años, se ausentaba, se alejaba, quería borrar esos años. Y soy incapaz de imaginar ese dolor.
Y todo salió aparentemente bien en el tratamiento. Y se ganó la liga, y se igualó el record. Y esa parte de la afición seguía pidiendo su cabeza, seguía criticándole por su derrota ante el campeón de Europa, esa humillante derrota, que pasó a la historia dejando en el olvido los 3 goles ilegales anotados por los rivales, la lesión de Messi y la falta de centrales porque el deseado Thiago Silva se había ido a Francia y en su lugar le trajeron a Song.
Pocas alabanzas, como si ganar la liga fuera una obligación, como si llegar a semifinales de la champions, de la forma en que se había conseguido, casi a jirones, no tuviera ni el más mínimo mérito, mientras algunos le negaban el pan y la sal, recibiendo las bofetadas que iban destinadas a Rosell cuando estaba mas flojo y apenas tenia fuerzas para contestar.
Ahora, su castillo de naipes, se ha vuelto a derrumbar. Ya poco importa un titulo cuando lo que está en juego es vivir. Ahora Tito se va, porque ha de concentrarse en una lucha salvaje contra una enfermedad terrible, que va lanzando golpes a quien la padece, que va helándoles la sonrisa a quienes han de convivir con ella.
Ya poco nos importa a los que lloramos por su dolor si Villa debió jugar más, o si su traspaso por 5 millones es ridículo, ni tenemos ganas de contestar con Chigrinskys, Ibras o Etoo’s, para defender a Tito. Ahora se trata de ayudarle, tal vez con nuestro silencio, con oraciones los que aun nos empeñamos en creer en un Dios de bondad, o con nuestros ánimos para que sepa que no esta solo.
Y tal vez, ahora que Pep, seguro que hablando con su corazón, el que nos cautivó cuando fue “uno de los nuestros” (ahora en excedencia) ha dicho ese “le quiero tanto”, puede volver a abrir la puerta de aquella amistad tan bonita, algo que también, puede ayudar en la lucha definitiva.
Ha de saber que el barcelonismo es el único “ismo” que debemos permitirnos los culés, que podemos dejar “en un rincón, en un papel, o en un cajón” todas aquellas cosas que nos dividieron, y pensemos en Tito, en la persona y en aquellos que comparten la enfermedad
, a los que conocemos y queremos, esos que como Tito “nos sonríen tristes y....... nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve”.
#AnimsTito






