
La afición ya celebraba el doblete, ya celebraba la primera Champions. Sólo faltaba el descuento y el cuarto árbitro se disponía a sacar el luminoso.
Se esperaba un descuento de 3 aunque los aficionados del Atleti soñaban con que fueran solamente 2.
Perfectamente el árbitro pudo contentarse con 3 minutos, dado que no se habían producido demasiados momentos de demora, más allá de los normales de un partido tenso y complicado.
Y de haber sacado el número 3, unos segundos de un balón perdido, y el corner no hubiera llegado. Incluso puede que, en ese caso, el árbitro hubiera visto la falta a Villa antes del córner y hubiera llegado el final.
Ahora la afición rojiblanca estaría eufórica, Simeone estaría siendo aclamado por todos y a Casillas lo estarían crucificando esos aficionados que todavía sangran por la herida de Mou, que no consideran a Iker como "uno de los suyos".
Esta mañana en AS y Marca estarían diciendo que Ancelloti no había sabido preparar el partido, que Cristiano no había aparecido en ningún momento, y que para este viaje no necesitaban tantas alforjas.
Pero el árbitro decidió que en 3 minutos podría no darles tiempo y pensó que era mejor dar 5, por si acaso.
Y del resto no vale la pena hablar en exceso. Llegó Ramos una vez más para salvar los muebles, y en la prórroga, los rojiblancos no tenían gasolina. Con los cambios hechos, con varios lesionados y unos cuantos que renqueaban, sujetos por el corazón que daba fuerza a esas piernas que dolían, intentaron capear el temporal.
Aguantaron dos tercios más, pero en los 10 últimos minutos llegaron los goles, de Bale y Marcelo, que hacían llorar a esos cientos de miles de rojiblancos que ayer llegaron a creer que de verdad la vida les debía una Champions y que la iban a cobrar 40 años más tarde, y que se fueron, llorando porque ahora les deben dos, y casi nadie cree que la vida piense en pagar la deuda.

La vida es eterna en cinco minutos, cantaba Victor Jara, y cantábamos en mi adolescencia, cuando aún creíamos que con la democracia iban a dejar de robar los que mandan, cuando nos creíamos que la Justicia iba a ser igual para todos, y cuando soñábamos en un mundo maravilloso en el que determinadas banderas y nombres desaparecerían de nuestro entorno cercano y de nuestras calles.
Cuando cantábamos "son cinco minutos, la vida es eterna en cinco minutos....... suena la sirena,...muchos no volvieron, tampoco Manuel" éramos unos ingenuos, unos chavales con ilusión.
Hoy aquellos que cantábamos somos mayores, tanto que algunos hemos llegado a ver ganar 5 copas de Europa al Real Madrid contando la de ayer, y hemos oído hablar de las otras 5 en el NO-DO, y los que no somos madridistas, sentimos el dolor de ver que, al contrario que en las películas, no siempre ganan los buenos, que la vida no es justa y que si hay algo más injusto que la vida, es el deporte.
Ayer, si cabe, aún se hizo más real la estrofa de Sabina, el "qué manera de palmar" y lo que es peor, "qué manera de subir y bajar de las nubes", porque ayer el Atleti estaba ya disfrutando de la gloria y alguien decidió darle una nueva oportunidad al rival aprovechando que las fuerzas escaseaban.
Ayer descubrimos que es muy raro que David le gane a Goliath salvo en los cuentos, es muy difícil que San Jorge volviera a matar al dragón, o que alguna vez un pobre le gane un pleito a un rico.
Y si alguna vez parece que va a pasar, alguien les da 5 minutos eternos para que todo vuelva a su cauce.